Por qué Teatro del Oprimido

Augusto Boal, creador del teatro del oprimido lo definió como un método estético que trabaja mediante diversas formas de arte.

Busca desarrollar en quienes participan la capacidad de percibir el mundo a través de todas las artes y no sólo del teatro. Para ello se trabajan: la palabra, el sonido, la imagen, la danza (basadas en movimientos orgánicos de la vida cotidiana) y la Ética.

Reúne ejercicios, juegos y técnicas teatrales que buscan romper la mecanización física e intelectual de quienes los practican y la democratización del teatro. Propone la realización de acciones teatrales en el ámbito de la intervención social, que permiten a quienes las practican modificar su realidad a través del ensayo en la ficción y mediante el lenguaje teatral.

Pretende transformar a los espectadores y espectadoras en espectactores y espectactrices. Rompe la pasividad asociada al rol de quien recibe la obra, invitándole a ser también sujeto creador, estimulándole a reflexionar sobre su pasado, modificar la realidad presente y crear su futuro. 

Todos los textos son construidos colectivamente a partir de las historias de vida de los miembros del grupo de teatro y están basados en las experiencias y problemas típicos de la colectividad. Con esta metodología teatral se pretende que se reflexione sobre las relaciones de poder, mediante la exploración y representaciones de historias entre opresores y oprimidos, en la que el público asistente participa de la pieza. Se facilita esta participación a través de la figura del curinga, persona encargada de guiar la escena y la mediación entre público y compañía de teatro.

En definitiva, pretende crear las condiciones prácticas para que quienes se encuentran en situación de opresión se apropien de los medios de producir teatro y amplíen sus posibilidades de expresarse y de transformar su realidad, además de establecer una comunicación directa, activa y propositiva. 

El método nos recuerda que no basta con hacer teatro y ser artista, sino que el teatro es además una herramienta para entender e intervenir en la realidad y cambiarla. El objetivo del Teatro del Oprimido es reflexionar conjuntamente sobre las relaciones de poder, escenificando historias entre un opresor y un oprimido, y buscando soluciones no violentas para el conflicto mostrado.

Por todas estas razones, esta disciplina se muestra como una herramienta para la construcción de una ciudadanía global: contribuye a romper la barrera de la pasividad que implica el público en el teatro clásico, dando pie a ensayar la participación y a actuar compartiendo intereses comunes.